¿Un psicólogo atiende clientes o pacientes?
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Frecuentemente me encuentro discutiendo con amigos y colegas acerca de cómo debe ser llamado quien acude al consultorio de un psicólogo. A mi no me gusta mucho ponerme discursivo y quisquilloso con el lenguaje, pero muchos se sensibilizan con el tema. ¿Un psicólogo atiende clientes o pacientes?

Es una realidad que estamos atravesados por el lenguaje y cada cosa merece ser llamada por su nombre. Y aunque esto sea verdad, es una verdad a medias. No todas las cosas pueden ser nombradas adecuadamente. Cuando usamos uno u otro vocablo, algo se dice y algo se pierde. El lenguaje no dice las esencias, mal que le pese a los filósofos medievales.

Cuando pronunciamos a esa persona que se acerca a consulta, surge el mismo problema. ¿Debemos llamarle cliente? ¿Tal vez paciente? ¿Hay otras posibilidades? ¿Acaso importa?

¿Qué es un paciente?

La costumbre más común en estas latitudes es llamar paciente a la persona que acude a terapia. Hablar de pacientes es la forma más generalizada y aceptada, aunque no muy bien ponderada.

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En términos generales, aquí se habla de pacientes cuando uno habla de los usuarios destinatarios de los servicios de salud. La ecuación es sencilla: si consumís salud (médicos, odontólogos, psiquiatras, psicólogos), entonces sos paciente. Da igual si estás enfermo o no, o si lo que querés es hacerte una cirugía estética. Sos paciente y punto.

Estrictamente, paciente, según su etimología latina, puede ser dos cosas. O bien, alguien que sufre una enfermedad, o alguien que tiene paciencia. Ambos significados están referidos al sufrimiento. Paciente es quien sufre y paciente es quien soporta calladamente ese sufrimiento.

La idea es, en todo caso, la de una persona que pasivamente sufre y espera un cuidado, una atención. El paciente espera que venga un otro a decirle cómo debe curarse para que se le quite ese sufrimiento.

No siempre los que se acercan a consulta se sienten enfermos o demandan cuidados. A veces, quieren potenciar sus recursos personales. Yo no llamaría paciente a una persona que quiere que lo ayude a organizarse con el estudio. Sencillamente porque no padece de nada. Simplemente le falta organizarse.

¿Qué diferencia hay con un cliente?

Un cliente, por su parte, es alguien que compra un producto o utiliza los servicios de un profesional o una empresa.

Un cliente necesita algo y busca quien le resuelva esa urgencia. Hablar de cliente zanja la cuestión desde la perspectiva del intercambio. Yo solicito un servicio y el otro recibe un valor a cambio del mismo. No más rosca.

Acepto que haya quienes se pongan recelosos porque el concepto cliente esté teñido de mercantilismo y acentúe mucho el aspecto comercial de la relación. Personalmente, no creo que haya que tenerle vergüenza al hecho de que exista una transacción de este tipo. ¿O acaso los profesionales de la salud viven de voluntariados?

¿Qué otras variantes existen?

Una opción más rebuscada es por la que optan los psicoanalistas. Ellos hablan de sujetos. Creo que tiene algo que ver con el deseo, la barra y todas esas cosas que dijo Lacan y que nunca comprendí muy bien.

Usuario es otra opción bastante simpática a mi entender. Este término hace referencia a quien utiliza un servicio. Sobre todo sugiere a los beneficiarios de los servicios públicos.

Otra alternativa es hablar de consultantes. A mi entender, alguien que acude a un consultorio con una pregunta debe ser llamado consultante. ¿Tiene sentido, no? Sucede que no todos los que se presentan vienen por voluntad propia. No todos tienen una pregunta. Muchos vienen derivados por el médico de cabecera, por un familiar o amigo y, a veces, por la justicia.

¿Un psicólogo atiende clientes o pacientes? ¿Usuarios o consultantes?

Personalmente, creo que los psicólogos trabajamos con personas. Cuando la situación amerita una mayor precisión, yo suelo hablar de pacientes. Aunque no estoy de acuerdo conmigo mismo… Sólo lo hago por no tener una discusión cada vez que nombro a un cliente.

Yo entiendo que ofrezco un servicio y por ello prefiero hablar de cliente. También comprendo que es un término con mala prensa y que suena muy comercial, por decirlo de alguna manera. Me encantaría llamarlos consultantes, pero la verdad es que no todo aquel que se acerca es realmente un consultante. De la misma forma que no todos son pacientes, porque no todos sufren de algo.

Sin embargo, todos ellos acuden en busca de un servicio remunerado. Por eso creo que cliente es la palabra que mejor representa a quienes acuden a mi consultorio en primera instancia.

Debo aclarar que a mí me gusta mucho más el término consultante y por eso intento asegurarme que todos mis clientes se transformen en consultantes. Es decir que aquellos que han venido por voluntad propia o no puedan ser capaces de interrogarse y de abrirse una pregunta que los mueva a una terapia más activa. Cuando uno se convierte en consultante más fácilmente muta en actor de su propia salud mental.

Cuando es un paciente, se queda esperando los cuidados de un otro que le señale qué hacer y cómo. Sin embargo, la salud mental de las personas requiere de parte de los usuarios mayor iniciativa personal.

En definitiva, en mi consultorio son todos bienvenidos: pacientes, clientes, usuarios y consultantes. Da igual, porque a mi no me gusta ser discursivo, como dije al principio. Me parece que todos son términos complementarios y son convenientes igualmente. El lenguaje sugiere matices que lo enriquecen. ¿Por qué no aprovecharlo?

En cualquier caso, quien quiera mi opinión sobre si los psicólogos atienden clientes o pacientes, sepa que yo creo que todos los que vienen a mi consultorio deben convertirse en consultantes, en la medida de lo posible.

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