que es el síndrome de burnout

Estoy seguro de que más de una vez habrás escuchado hablar del burnout o del síndrome del quemado. Especialmente si sos docente. Igual vale para cualquiera que trabaje con personas y haga de la empatía su principal herramienta: médicos, psicólogos, religiosos, enfermeros, consejeros. Todos los que de alguna manera ayudan a otros pueden experimentar el burnout a lo largo de su vida.

Estar quemado no es bueno, ni es fácil. Pero es importante distinguirlo del mero cansancio – no menos importante -. El cansancio puede ser simple de resolver: regular las horas de sueño, unas minivacaciones, o modificar nuestra rutina. En cambio, el burnout puede necesitar de técnicas más drásticas y prolongadas.

El síndrome de burnout o del quemado puede afectar tu salud física y mental. Puede producirte alteraciones psicosomáticas como taquicardias, gastritis, insomnios o mareas. Además, puede inducirte estados ansiosos, depresivos o estimular conductas adictivas. En suma, si el problema no se trata adecuadamente puede conducir a un importante deterioro general de la persona y, por supuesto, a una disminución de su rendimiento profesional, ausentismo y rotación. Cuando uno trabaja con personas, eso se traduce en un trato poco humano hacia los demás.

En este artículo, hablo de la cuestión general del síndrome del quemado y particularmente de lo que sucede con los docentes.

¿Qué es el burnout o síndrome del quemado?

El significado del término burnout es el de estar “quemado” o “calcinado”, literalmente. Por supuesto, que cuando uno vive este exceso de estrés no es que se le incendien las neuronas. Estar quemado hace referencia al agotamiento que aparece como consecuencia del estrés laboral crónico.

Los investigadores referentes en este tema son Maslach, Schaufeli y Leiter. Ellos definieron el Burnout como un:

Síndrome psicológico que se debe a un estresor interpersonal, que aparecería en el contexto laboral y que se lo describe como un constructo trifactorial, dichos factores son el agotamiento emocional, conductas de despersonalización o cinismo hacia las personas que el profesional atiende y una sensación de inefectividad o falta de realización personal.

Así como en la gripe nos afiebramos, tenemos dolores corporales y tosemos. Estar quemado tiene su propio conjunto de síntomas. A este conjunto es a lo que se llama síndrome. A su vez, dicen que esos síntomas son provocados por un estresor interpersonal. O sea, la fuente del estrés son los otros. Son esos otros con los que toca relacionarse en un ambiente de trabajo.

¿Y cuáles son esos factores? Son tres: agotamiento emocional, despersonalización y desrealización.

Factores del burnout

Agotamiento emocional

Estar quemado nos puede conducir a la depresión

Estar cansado emocionalmente implica fatiga, falta de energía y la sensación de que ya no nos quedan recursos. La motivación para trabajar disminuye y no hay deseos de emprender nuevos proyectos. Levantarse por la mañana empieza a complicarse y uno siente como si no hubiera dormido nada. Se siente la necesidad de distanciarse del trabajo.

A uno ya no le queda nada por ofrecer en ese espacio. No hay recursos ni energía.

Despersonalización

Para aquellos que lidian con los problemas ajenos es funcional tomar distancia. Hay que ser empáticos e involucrarse. Pero uno no debería llevarse esa carga emocional a la casa. Conforme el agotamiento emocional crece, también se desarrollan nuestras ganas de construir un muro que nos separe del otro.

Y a veces el cansancio es mucho y el entusiasta desaparece. La persona desarrolla actitudes cínicas e insensibles que lo conducen al conflicto y al aislamiento. Cuando uno insulta a los pacientes o a los alumnos, evidentemente, la despersonalización ya ha tomado su parte.

Desrealización

Cuando está tan estresado, no está en su mejor momento. Por supuesto que tampoco se siente realizado o pleno haciendo lo que hace. Lo más probable es que lo esté odiando. Bajó la motivación, el rendimiento se desplomó, el cumplimiento de los objetivos personales va por la misma vía.

Esto promueve una autoevaluación negativa, sentimientos de incompetencia y descontento.

Síntomas del síndrome del quemado

Podemos prevenir el burnout practicando estas conductas de autocuidado

Si nos preguntamos qué le sucede al cuerpo y a la mente, vemos que aparecen signos de desgaste de diferentes tipos.

Hay síntomas cognitivos y afectivos, como la irritabilidad, baja autoestima, pesimismo, inatención, sentimientos de vacío, fracaso e incompetencia. Además, pueden aparecer comportamientos paranoides o agresivos hacia los alumnos.

Otros síntomas aparecen en el cuerpo. A la fatiga crónica y dolores de cabeza permanentes, se suman el insomnio, pérdida de peso, trastornos gastrointestinales y dolores musculares.

Finalmente, se desarrollan conductas propias del cuadro como ausentarse frecuentemente, agresividad y violencia. También hay un aumento de conductas adictivas como el tabaquismo o el consumo de café, alcohol, fármacos y otras drogas.

¿Cómo nos vamos quemando? Fases del burnout

El síndrome del quemado es una pérdida progresiva del idealismo, energía y motivos vividos por la gente en las profesiones de ayuda, como resultado de las condiciones de trabajo.

Jerry Edelwich y Archie Brodsky, 1980.

Uno no aparece quemado de un día para el otro, sino que se va “calcinando” de a poco. De hecho, uno comienza su trabajo en una fase inicial con mucho entusiasmo. La motivación no puede ser más elevada, incluso si el desafío es grande. Pero la energía y los anhelos desbordan cualquier imprevisto. Hay quien en esta etapa se involucra demasiado.

Al cabo de algún tiempo las expectativas van mermando y empieza el desencanto. En la fase del estancamiento, la relación entre el esfuerzo y las recompensas está desequilibrado. Los objetivos empiezan a parecer complicados, y llegan al punto de ser imposibles.

Se asoma la fase de frustración. Cuando los objetivos son inalcanzables, el sentimiento natural es la frustración, la desilusión y la desmoralización. Atrás quedan los ideales con que la tarea fue iniciada. En cambio, cualquier cosa irrita y van brotando los primeros síntomas emocionales, físicos y conductuales de los que ya hablé más arriba.

Cuando uno siente que no puede controlar el resultado de sus acciones se frustra una vez, dos veces, tres veces… Al final, uno se siente desamparado. ¡Nada de lo que hago resulta! Esta es la fase de la apatía. Y como nada produce recompensa, entonces todo se realiza de manera mecánica. El trato con las personas empieza a ser frío y distante.

Y, finalmente, llega el momento crítico. En la fase del burnout o del quemado, se produce el colapso emocional, físico y cognitivo. Hay una imposibilidad de continuar con el trabajo debido a la despersonalización, la desrealización y el agotamiento emocional. La frustración crónica conduce a un sentimiento de vacío total.

¿Me puede pasar a mí?

Si bien es característico de las profesiones de ayuda, este problema puede aparecer en otros tipos de trabajo. Hay factores facilitadores que promueven el burnout tanto en la organización y el tipo de trabajo, como en las características personales del trabajador y en otros factores ambientales.

En cuanto a las variables personales predictivas del burnout hay factores como el sexo (las mujeres tienen la desventaja); ser joven y tener poca experiencia laboral; ser soltero, viudo o divorciado; una baja antigüedad profesional; una estructura de la personalidad más endeble; enfrentar el estrés con aislamiento; menor intensidad de las relaciones interpersonales y relación trabajo/familia. Todos ellos influyen en mayor o menor medida, según la carga de exigencia y demanda que impliquen para el trabajador.

Entre las variables predictivas del contexto laboral se encuentran el estrés propio del rol, un clima laboral negativo, la (no) realización de las expectativas laborales y la falta de autonomía en el trabajo.

Además, existen predictores del síndrome de burnout del contexto ambiental como la falta de apoyo social, el aislamiento, deterioro en el flujo comunicativo, una funcionamiento familiar inapropiado y facilitadores propios de la cultura.

Consecuencias del burnout

Entre las consecuencias para el trabajador, se enumeran la aparición de actitudes negativas hacia uno mismo, sentimientos de culpabilidad, ansiedad y depresión, irritabilidad y enojo, aburrimiento, intolerancia a la frustración, conductas adictivas y desmotivación.

Mientras que las consecuencias para la organización son una mayor rotación, abandono de los puestos de trabajo, incremento del ausentismo, incremento de los accidentes laborales, menor calidad del servicio y de la producción y muy bajo rendimiento laboral.

 

Bien, como decía al principio, estar quemado no es bueno ni fácil y trae muchas consecuencias negativas para la salud. Por suerte, se ha investigado mucho sobre el tema y el panorama es alentador en cuanto a las técnicas de prevención del estrés laboral y promoción de conductas saludables. Otra historia es lograr que las empresas las implementen. Más adelante estaré publicando sobre el burnout en docentes y sobre las técnicas de prevención.

¿Vos terminás el año quemado? ¿Qué estrategias usás para recuperarte?

 

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