Los honorarios en psicoterapia

Hace unos días, cuando le hice la entrevista a Patricio Leone, charlábamos sobre la carencia de formación en los aspectos prácticos de la profesión. Él me decía que nadie le había enseñado cómo comportarse frente a un paciente que quiere golpearte o cuando una paciente se enamora de vos y cosas así. Un aspecto muy importante del ejercicio de esta y cualquier otra profesión es el tema del pago. Así es que he decidido este artículo en defensa de los honorarios en psicoterapia.

Aquí podés leer la entrevista completa con uno de los fundadores del Sindicato de Psicólogos de Argentina (SIPPSIRA), Patricio Leone.

Mal que me pese, en las últimas semanas de trabajo en el consultorio me he dado un encontronazo con este asunto. Esto es algo de lo que nunca hablamos en las aulas de la universidad y la experiencia en este tiempo ha sido un tanto caótica. Es que no sólo los pacientes pueden tener en cuestión este tema, sino que también los psicólogos. Particularmente, al inicio del ejercicio profesional uno puede sentirse abrumado al momento de cobrar por su trabajo.

Mi encuentro con estos aspectos agridulces de la profesión

Cuando uno comienza con los estudios es ilusión pura. “Cuando me reciba, voy a ayudar a las personas”, es algo que se escucha decir a quienes se embarcan en este proyecto de ser psicólogos. Y así, sin considerar mucho más que esa intuición, años más tarde uno se encuentra con que la inserción laboral es bastante competitiva. Lamentablemente, uno no se alimenta solamente de “ayudar a las personas”.

Resulta que ser psicólogo, aunque significativo por su carácter, no es sólo arte, también es negocio. Y como tal, requiere que uno exija un cobro por la contraprestación de un servicio.

Los psicólogos, ¿atendemos pacientes o clientes?

La palabra “negocio” suena horrible y parece estar reñida con el noble arte de curar los sufrimientos que los pacientes traen a nuestra consulta. Sin embargo, es una realidad, que el funcionamiento de un consultorio debe ser rentable, sobre todo para aquellos que nos desempeñamos como trabajadores independientes y no tenemos a nadie que nos pague un sueldo.

Así es que, por duro que suene, el consultorio debe combinar los aspectos más nobles y valorados de la profesión, con la “vileza” del dinero y el cobro.

¿Por qué cobrar se volvió un problema?

A todos los que me leen y no viven en Argentina, han de saber que este país está habitualmente en crisis económica y hay una serie de verdades básicas puestas en cuestión.

Nunca me prepararon para cobrar. En la universidad discutimos todo tipo de cosas. Pero las cuestiones elementales y prácticas de la profesión nunca se hablaron dentro del aula. No solo me refiero al tema económico… Me hubiera gustado que, al menos, me explicaran cómo tenía que matricularme o los requisitos legales para poner mi consultorio.

En fin… El hecho es que nunca preví que cobrar iba a ser un problema, y algunas veces un problema grande.

Por un lado, se encuentra el asunto de las obras sociales. Hay muchas y cada una tiene sus reglas lo que hace muy difícil la parte administrativa. En algunas te piden que el paciente sea quien autorice las órdenes, en otras es el profesional quien debe hacerlo. Los honorarios pueden variar de una a otra. Sin embargo, hay dos cosas en las que todas se parecen: todas pagan por debajo del honorario mínimo ético, acordado por los consejos profesionales y todas pagan con un retraso mínimo de 3 meses. Algunas llegan a demorarse 7 meses. 😫

Si es el caso que la obra sea de un plan básico, entonces el paciente deberá abonar un coseguro. Muchas veces irrisoriamente bajo (lo que está bueno para el paciente, pero no para el profesional): $20, $30 o $180 (U$D 0,72; 1,92 y 6,52, respectivamente) varía según el plan y la obra social en cuestión.

Por otro lado, se encuentra el caso de los pacientes particulares. Algunas personas llegan a nuestra consulta, pero no cuentan con una obra social, o están cansados de las mismas (por no encontrar profesionales disponibles que las reciban), y deciden realizar el pago de los honorarios de su propio bolsillo. Esto implica un enorme esfuerzo con la situación económica de nuestro país.

A pesar de que, en la generalidad de los casos, las personas abonan sus consultas, he tenido situaciones un tanto confusas que me han dejado off side, pasmado y para las cuales no estaba preparado. Desde esas situaciones me ha urgido escribir este artículo sobre el problema de los honorarios en psicoterapia.

¿Por qué ha sido tan problemático el asunto del cobro?

Supongo que mucho en este descargo tiene que ver con mi inexperiencia y que los inicios profesionales son bastantes dilemáticos. De cualquier manera, hay particularidades de la psicología que le dan un toque especial al asunto del cobro.

Nadie duda, salvo algunas raras excepciones, que, si uno va al mercado a comprar fruta, debe pagar por ella; si uno consume electricidad, también ha de abonarla; si decidimos contratar el servicio de un abogado, hay que pagar por el mismo. Sin embargo, cuando se decide contratar el servicio profesional de un psicólogo ésta es una verdad a medias.

Como decía al principio, el tema de los honorarios parece estar reñido con el noble arte de curar. La psicoterapia se trata de algo muy íntimo para las personas. Y para algunos, es como si al tratarse de un servicio de ayuda el componente salarial sería algo accesorio.

Los docentes en Argentina tienen un problema similar, a muy grande escala. Es una profesión “vocacional”, se dice, para justificar la miseria que reciben por sueldo. Como si uno se pudiera pagar un techo siendo bueno con los alumnos (sí, también soy docente y sufro este problema).

En consonancia con esto he tenido la ocasión de recibir personas en mi consultorio que al finalizar la sesión se han levantado, me han agradecido y me han mandado a la casa con un “que Dios se lo pague”, o un ingrato “¿qué? ¿no era gratis esto?”.

Tal vez soy yo un tipo muy ingenuo o quizás muy inexperto. Lo más probable es que la respuesta a mi pregunte esté en algún punto intermedio entre ambas opciones.

Los honorarios son parte del encuadre que se establece en la primera sesión con un psicólogo.

En cualquier caso, con el tiempo he ido implementando algunas estrategias para evitar estos sobresaltos, como, por ejemplo:

  1. Al recibir el llamado con el pedido de turno, luego de un brevísimo diálogo acerca del motivo de consulta, siempre hablar acerca de los honorarios: hacerles saber cuál es el precio, o que me digan cuál es su obra social para preparar la autorización.
  2. Si tengo la suerte de tener servicio de secretaría en el consultorio, entonces dejar a su cargo el tema del cobro.
  3. Si es el caso que debo organizarme yo con todo este engorroso asunto, resolverlo al principio de la sesión. Esto lo hago por dos motivos. Primero, para evitar los olvidos y descuidos. Segundo, porque también me siento mal que, después de que la persona me estuvo hablando de sus pesares, tener que interrumpirlo para decirle: “se te acabo el tiempo” y “tengo que cobrarte”. Que, a mi entender, es una odiosa manera de terminar una sesión de psicoterapia.

Después de haber hecho este descargo me quedo pensando en que, más allá de las cuestiones de los casos particulares, en Mendoza y, creería que en el resto del país, tenemos un serio problema de los arreglos que las asociaciones profesionales hacen con las obras sociales. El problema no es sólo de los psicólogos, también urge a los pacientes que se quedan sin cobertura por tener una obra social “de las malas”, de aquellas que ningún profesional con medio mes de experiencia quiere recibir por ser los honorarios ridículamente bajos.

 

Contame en los comentarios si vos también has tenido algún inconveniente con el tema de los honorarios en psicoterapia y cuáles son tus estrategias para evitar malos entendidos y desazones de este tipo.

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